Ejemplos de OKR: cuatro casos de antes y después (y la pista que delata a los malos)

Buscas ejemplos de OKR y encuentras siempre lo mismo: objetivos impecables, verbos inspiradores, porcentajes redondos. Los copias, adaptas las cifras y tres meses después nadie los recuerda. Tu equipo no tiene la culpa: esos ejemplos enseñan la foto final y esconden lo más útil, que es el error del que vienen.

Por eso aquí cada ejemplo llega con su versión mala incluida: el OKR que se escribe a la primera (probablemente parecido al que tienes ahora mismo en la herramienta) y su reescritura, con la pista que delata al primero. Un buen ejemplo no sirve para rellenar la plantilla; sirve para leer los tuyos con otros ojos.

¿Qué tiene que tener un buen OKR (y qué delata a uno malo)?

Un OKR tiene dos piezas: un objetivo cualitativo que describe un cambio que importa y de dos a cuatro resultados clave (los KR) que miden si ese cambio ha ocurrido. La palabra decisiva es cambio. Google, que popularizó el método, lo cuenta sin rodeos en su guía oficial de OKR: en los OKR ambiciosos, quedarse en el 60-70 % de cumplimiento es la señal de que apuntaste donde debías; sacar siempre un diez significa que apuntaste bajo. La excepción son los comprometidos, los de «esto sale sí o sí», donde el listón sigue siendo cumplirlos.

La mayoría de los ejemplos que circulan por internet suspenden justo ahí: son los indicadores de siempre con un verbo delante, o listas de tareas con un porcentaje al lado. A eso lo llamamos un OKR de escaparate: queda precioso en la herramienta, se luce en la revisión mensual y no altera una sola decisión.

Si puedes cumplir tu OKR sin cambiar ni una decisión, no tienes un OKR: tienes un informe.

Los cuatro casos que siguen van ordenados por tipo de problema, no por departamento (más abajo verás por qué):

  1. El OKR de dirección que era el presupuesto con otro nombre.
  2. El OKR de ventas que medía esfuerzo en vez de verdad.
  3. El OKR interno que era un plan de proyecto disfrazado.
  4. El OKR transversal: el que casi nadie escribe y más falta hace.

¿Cómo es un ejemplo de OKR de dirección?

Casi siempre se escribe así a la primera:

Antes. Objetivo: crecer un 20 % este año. KR1: facturar doce millones. KR2: firmar cuarenta clientes nuevos. KR3: lanzar dos productos.

Es el presupuesto anual con otra etiqueta. Se aprueba en diez minutos porque no obliga a renunciar a nada, y esa es la pista que lo delata: se puede «cumplir» haciendo lo mismo que el año pasado con algo de viento a favor.

Después. Objetivo: dejar de depender de los tres clientes que pagan la nómina. KR1: el peso de los diez mayores clientes baja del 60 % al 40 % de la facturación. KR2: veinticinco clientes nuevos de segmento medio con margen positivo desde el primer año. KR3: el ingreso recurrente sube del 30 % al 45 %.

El apetito de crecer es el mismo, pero el objetivo ahora confiesa un miedo real y los resultados obligan a decir que no a ciertas ventas. Eso incomoda en un comité. Por eso funciona.

Pregunta para tu comité: si este OKR fuera de verdad la prioridad, ¿qué decisión cambiaría el lunes?

¿Cómo es un ejemplo de OKR de ventas o crecimiento?

El primer intento suele medir actividad:

Antes. Objetivo: mejorar el funnel comercial. KR1: generar quinientos leads al mes. KR2: hacer veinte demos por semana. KR3: publicar ocho contenidos al trimestre.

La pista: puedes clavar los tres números y no vender ni un euro más. Son indicadores de esfuerzo, no de resultado; la misma frontera entre medir y liderar que contamos en OKR vs KPI.

Después. Objetivo: que el pipeline diga la verdad. KR1: la tasa de cierre sube del 12 % al 20 %. KR2: el ciclo de venta baja de noventa a sesenta días. KR3: la mitad de los leads se descartan en la primera semana.

Has leído bien el tercero: descartar leads como resultado deseado. Baja un número del que marketing presume, y justo por eso ordena el sistema: deja de premiarse el volumen y empieza a premiarse la calidad.

Bien hecho si al menos un resultado clave te obliga a renunciar a una métrica de la que hoy presumes.

¿Cómo es un ejemplo de OKR interno (operaciones o personas)?

El disfraz favorito de los OKR internos es el plan de proyecto:

Antes. Objetivo: digitalizar la gestión de personas. KR1: implantar la nueva herramienta. KR2: migrar el 100 % de los expedientes. KR3: formar a toda la plantilla.

Tiene fechas, tiene entregables y tiene una pista clarísima: puedes ejecutarlo entero y que nada mejore. La herramienta estrenada, los expedientes migrados… y el recién llegado sigue esperando tres semanas por un alta.

Después. Objetivo: que incorporarse a esta empresa deje de ser un mes de espera. KR1: del contrato firmado al primer día productivo, de treinta a diez días. KR2: los tickets de «no tengo acceso» caen un 70 %. KR3: la nota que los recién llegados dan a su primer mes sube de seis a ocho.

La herramienta puede seguir en el plan, pero como medio. Si el resultado se consigue con dos plantillas y una regla de correo, también cuenta.

Entregable: reescribe uno de tus OKR de proyecto quitando el nombre de la herramienta. Lo que quede en pie es el resultado; si no queda nada, ya sabes lo que tenías.

¿Cómo es un OKR transversal (el que no cabe en un departamento)?

Es el gran ausente de las listas de ejemplos, porque no se deja ordenar en columnas por área. Imagina una empresa peleando con la fuga de clientes:

Antes. Tres OKR, uno por departamento. Marketing: lanzar dos campañas de retención. Producto: publicar cuatro funcionalidades pedidas. Soporte: responder en menos de dos horas. A final de trimestre, tres verdes en el panel… y el cliente sigue marchándose. La pista aquí no está en un OKR, sino en el mapa: calca el organigrama, así que cada silo optimiza su trocito.

Después. Un único OKR compartido. Objetivo: que los clientes del primer año se queden. KR1: la fuga en el primer año baja del 18 % al 10 %. KR2: el cliente llega a su primer resultado en menos de una semana. KR3: las renovaciones sin descuento suben del 40 % al 60 %. Dueños: producto, comercial y soporte, juntos y con la misma nota.

¿Sobran entonces los ejemplos «por departamento»? Como inspiración de métricas, valen. Como estructura, no: el OKR pertenece al resultado, y los resultados que importan casi nunca respetan el organigrama. Cuando coinciden con un equipo, estupendo; cuando no, el OKR se comparte en lugar de trocearse.

Empieza por: elige el resultado que más os duele y sienta en la misma sala a todos los equipos que pueden moverlo. El OKR se escribe allí, no en cascada.

¿Cuántos OKR conviene tener a la vez?

Menos de los que te apetece: de uno a tres objetivos por ciclo, con dos a cuatro resultados clave cada uno. La ambición va dentro de cada OKR, no en la longitud de la lista; una empresa con nueve objetivos «prioritarios» no tiene ninguno. Y se repuntúan y reescriben cada trimestre, aunque vayan bien: un OKR heredado por inercia es un informe con antigüedad.

Lo que cuesta pasarse: cada objetivo de más diluye a los anteriores y convierte la revisión en un desfile de excusas. La corrección: si no puedes recitar tus OKR de memoria, sobran.

¿Pasarían tus OKR este test?

Seis preguntas de sí o no. Contesta con los OKR que tienes hoy, no con los que te gustaría tener.

  1. ¿Recuerdas tu OKR sin abrir la herramienta?
  2. ¿Algún resultado clave te incomoda al leerlo en voz alta, por ambicioso o por lo que obliga a soltar?
  3. ¿Este trimestre el OKR ha cambiado alguna prioridad, algún presupuesto o algún «no»?
  4. ¿Al menos un resultado clave necesita a más de un equipo para moverse?
  5. La última vez que un resultado se puso rojo, ¿revisasteis la hipótesis en lugar de defender el número?
  6. ¿Los repuntuáis y reescribís cada trimestre, aunque «vayan bien»?

Cinco o seis síes: tus OKR mandan de verdad; afina y sigue. Tres o cuatro: conviven con informes disfrazados; empieza reescribiendo el que suspenda la segunda pregunta. Dos o menos: lo que tienes es un cuadro de mando con verbos bonitos. No pasa nada por tenerlo, pero no le pidas que cambie decisiones.

El mejor ejemplo de OKR es el que no puedes copiar

Los cuatro casos comparten un patrón: la versión de antes se aprueba sin dolor y la de después obliga a elegir. Ahí se separa un ejemplo de OKR para lucir en una reunión de uno que gobierna un trimestre. Cuando escribas los tuyos, no persigas la redacción perfecta; persigue la incomodidad correcta. Y si sospechas que el tropiezo va más allá de la redacción, en errores comunes al implementar OKR tienes los cinco clásicos.

¿Cuántos de tus OKR actuales sobrevivirían a la pregunta del lunes?

Si quieres que los revisemos juntos, o que desmontemos con cariño los de escaparate, eso es justo lo que hacemos en nuestra consultoría OKR. Escríbenos y lo vemos sobre tus OKR reales, no sobre los de una plantilla.



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